Cita Express

—Perdón, es que soy muy penosa —comentó con una risita tímida.

—Y yo odio estas cosas —dije— ¿Te obligaron a venir?

—Pues la verdad fue una amiga, estábamos viendo Tinder cuando te vimos y las dos estuvimos de acuerdo. Ella quiere como que yo esté estable con alguien…

Me quedé pensativo viendo a los demás en el café. Algunos charlaban, otros discutían, uno estaba haciendo trabajos desde su portátil.

Fijé mis ojos en ella: mediana estatura, cabello largo crespo que le caía en la espalda y sus pechos firmes y dando la sensación de querer embutirse en esa camisa escotada, además de que su constitución era de esas chicas fitnees. Noté entonces un periódico doblado, al lado de su bolso.

—¿Y te gustan mucho los crucigramas? —pregunté con interés.

—Pues me ayuda a relajarme un poco del trabajo —sonrió otra vez—. Soy policía, patrullera. Uno se imagina que esa carrera es como en las películas con persecuciones y esas cosas, pero no. Si me toca de noche significa lidiar con borrachos y drogadictos, y si es de día lidiar con los que dejan mal parqueado el carro o los ladrones de celular en el Parque Berrío. Es estresante a veces…

—¿Bueno, y si damos la alarma de incendios en este café o fingimos un robo para que lo investigues? —dije charlando y ella sonrió—. A menos, que seas algo mentirosita.

Ella me miró fijamente, entornó los ojos, como que no entendía.

—¿Cómo así?

—“Mentirosita” —respondí endureciendo mi voz—, diminutivo de “mentirosa”, es por lo del crucigrama. Pareces inteligente, pero creo que tanto. Le dices a los hombres lo que quieren oír y quieres parecer inteligente, curiosa, atractiva intelectualmente. Eso de que las “brutas son las bonitas” ya pasó de moda. El periódico lo colocaste en la mesa para tener una excusa de conversación. Está doblado para parecer que lo leíste y llenaste algunas de las casillas pero con letras al azar. Así que pienso que como mentirosa tienes un gran talento nato, pero no lo suficiente para sacarle ventaja.

Veía como tragaba saliva y miraba a ambos lados con los ojos vergonzosos.

—¿Por qué será que algo me dice que no eres policía? —continué dando un trago a mi limonada de coco— Sí, pareces que te ejercitas, parte del requisito como agente patrullera, pero creo que sos de las que va al gym y se toma fotos unas diez veces antes de terminar haciendo unos cuantos abdominales para irte al rato a casa.

Ella había dejado de sonreír y se acomodaba el cabello con incomodidad. Estaba roja.

—Pero aún podemos ir a mi casa, o a la tuya, y follar; si quieres —agregué sonriendo.

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