EL ECO DE VALLEJO ME VISITA ANTES DE TIRARME UN PEDO

Para ella, tan pulcra,

que lee a Vallejo al escondido.

 

 

¿Dios? Un amasijo estrangulador que nos pusieron en la cabeza y la boca, aquellos que se asustan con una libra de azufre -remedio insustituible para el acné-. ¿Dios? Dioses, querrán decir… y de todos los tamaños y colores y sabores. Escoge el tuyo para la ocasión. Pura mierda metida en cada subida de temperatura, en cada trueno y en todo temblor. Mierda: el resumen de lo que hemos sido: ¡la gran estafa del universo! Y, no obstante, qué maravilla rodar como loca borracha directo a la cañería.

 

  • Usted me está plagiando, ¡no sea hijueputa! ¿Qué gusto le saca a ser yo?
  • “Yo” es un tembladeral de incógnitas. Pero no se preocupe, las palabras son de todos. Y si el estilo es una voz y su voz es lo que le preocupa, el eco tiene muchas. El eco que es lo único que nos define. Y usted acaba de llegar del otro lado de las montañas.
  • Lo van a decapitar por andar tirando mierda sobre el más amado invento de esta humanidad tan rezandera cuyo único oficio es tumbar cabezas. Juegan con ellas un partidito en la calle para calmar el guayabo que dan las hostias y el vino de consagrar, ese del que Bataille decía que era la orina de Cristo porque es blanco. A propósito, ¿qué libros está leyendo ahora?
  • Los suyos, don Fernando, sólo los suyos. ¡Cómo es que no se había dado cuenta! Mi madre ya tiene unas ojeras hasta las rodillas porque llevo una semana cagado de la risa y no la he dejado dormir. ¡Usted está loco! Unos evangélicos del frente me dicen que estoy poseído. “¡Arrepiéntase!”, me gritan cada que salgo al balcón a ver pasar el helicóptero que no deja dormir a esta ciudad de pulmones gangrenados. Un aire insano nos aplasta. ¡Y tanto muerto andando!
  • No se preocupe, a los muertos nada les va a pasar. Pero tenga cuidado que hay mucha boca con dientes ávidos en los campos de entrenamiento de los vasallos del Señor. Y usted podría ser la cena de la jauría esta noche.
  • Gracias por la recomendación, la tendré en cuenta. Dios es un comodín de nuestro lenguaje, feo y zopenco, que utilizamos para compensar nuestra imbecilidad. La gente anda recitando esa palabrita hasta en la casa donde no la usan: ¡ayudame Midiosito a que salga esta cagada y no huela mal que es mi primera cita con este par de tetas! “¿Dónde está la bolita? ¿Dónde está la bolita? ¿Dónde está la bolita?”, me enseñaron a decir en el pasaje Junín. Esa bolita de mierda que nos metieron a punta de rejo. ¡Qué jueguito ese! Un juego más metafísico no puede haber en este mundo puerco. Usted que es tan sabio, maestro, ¿dónde cree que está la bolita?
  • ¡Dónde más iba a estar la bolita! Pues en medio de la cancha, junto a las cabezas que han cortado los del Opus Dei. ¡Incluida la de Dios! Esa cabeza de humo que les ha servido para arrodillar la verraquera de los arrieros que se emborrachan con aguardiente y van a pegarle a la mujer. Y ellas sintiéndose felices. Más valiera que nos cayera un meteorito o que nos tragara un hoyo negro. San Stephen Hawking, danos fuerza. Repita conmigo.
  • Danos fuerza.
  • Bach, caganotas inescrupuloso, danos fuerza.
  • Danos fuerza.
  • Lorca, taurófilo detestable, danos fuerza.
  • Danos fuerza.
  • Wojtyla, embarazador de pendejas, danos fuerza.
  • Danos fuerza.
  • ¿Usted tiene algún santo de su devoción?
  • No escupir la felicidad de vivir en este país que todavía alienta. Y la posibilidad de amar. Extraño sortilegio que duele y cura a la vez, como dijo no sé quién.
  • No sea tan güevón, hombre. Seguir en Colombia es quedarse atrapado en la asesina felicidad que han impuesto los ejércitos analfabetos de Uribe y Ordoñez. Amar es trascendental, se lo confieso. ¡Pero si dejaran! No importa, es mejor aquí que en medio de los marcianismos de México. ¡Ah, que Santa Anita me pudiera recibir de nuevo! Ya me va a dar por la lloradera, deje así la cosa.
  • For sure. Lo que pasó pasó. Para qué esperar lo que no va a llegar. Si el anillo se cierra y volvemos a empezar, que no sea en aguas distintas a las del tiempo que nos dio la felicidad, la presencia del amor. Aguas de la aventura y la juventud que, aunque estúpida y confiada en la eternidad, son las únicas que hacen crecer los ríos que la vejez convierte en desiertos. Y el que no ha nadado en ellas, no sabe cómo es de bueno ser irresponsable y tener los sueños despiertos.
  • ¿Sueños despiertos? ¡Los enanos de Blancanieves! No me venga con nostalgias cacorras. Si quiere que sigamos, no me salga con tanta florecita.
  • ¡Ah, despertó!
  • Yo podré ser marica, pero las rosas, déjeselas a los que hacen versos para enamorar muchachitas sin seso. A mí ya no me da para tanto. ¿A usted sí?
  • No falta el minuto en que no lo esté. Con su venia. Camino y dejo el ojo y el corazón en cada belleza que se me cruza. ¡Saber que hay tanta mujer y tan poco tiempo!
  • No taque burro que se va a volver puto y ya ninguna le va a creer ni lo querrá ver porque aquí está vetado el placer libre. Y no faltará el imbécil que le dé en la tusta y yo me voy a quedar sin con quien echar madres. Reconsidere su metedera. Use la cabeza. Pero la que piensa, no la que saca para orinar.
  • ¡Cállese la boca! Vea que me hace perder esos labios que hablan por celular. ¡Ay, juemadre, se cayó!
  • Bueno, me callo después de que me muera de la risa con la caída. Me callo después de muerto. ¡Qué brutalidad, tanta muerte por celulitis! A mí que me coja mi Señora con la mirada en los verdes loros que volvieron a Medehollín. Se van a asfixiar como nosotros, pobrecitos. ¡Qué entierro más largo vamos a tener en este manicomio! No se olvide de poner mi nombre en la Libreta de los Muertos, que tanto esfuerzo y dolor me ha llevado hacer, por favor.
  • No se inquiete, maestro, pondré su nombre antes de dar mi última tos. Si no me estiran la pata antes. Y callaré para siempre y le haré compañía.
  • ¡Claro que se va a callar! Después de muerto no habla ni el micrófono. ¡Qué quería!
  • No faltan lo que se han hecho polvo e insisten con su quejadera. ¿A usted no le gustaría seguir por ahí sonsacando culitos de policías bachilleres con sus piropos en latín cuando salgan de trabajar de las bibliotecas de Capardo, aunque fuera detrás de una nube?
  • ¿Capardo? ¡Esa sí que es nueva! Y después dicen que nadie se dio cuenta de ese serrucho que le cortó las pelotas a tanto idiota. Por esa, le disculpo que me haga ver como un vejete llorón. Ese protagonista de novela hizo bibliotecas para ganarse los millones con que compró los medios que lo quieren dejar sentado en la presidencia haciendo gala de sus crespos verdes. ¡Tan lindo él!
  • ¡Ah, pero no me diga que sólo él! También hay bikinis amarillos y pastores zurdos que han podrido la cabeza de los que no saben cómo se juega al póker en este país del Corazón de Jesús. Y hay patriarcas con plumas de paloma que dejan caer bombas sobre los páramos antes de irse de vacaciones al cielo de los consagrados. Además de filipichines que cuentan con una gran cuenta bancaria para comprar títulos académicos y no verse tan bruticos. Y para no hacer muy larga la lista, esas rarezas que jerigonzan en la televisión cada cuatro años y el tiempo restante le meten el dedo en el culo a los pobres que recibieron su tamal y el par de tejas para las casas donde viven esas chimbitas que los pillos llevan en la mira.
  • ¿Pobres? ¡No me hable de pobres que me da rasquiña! Se viven quejando, pero cuando hay que meter la mano al dril, sacan el fajo y el fierro. “¡Y vos qué mirás, gonorrea!”, y disparan a lo que se mueva.
  • Qué pena con usted. Yo sé que no le gustan los pobres. Más que pobres, lo que hay es gente que no lee. Esos son los pobres a que me refiero, los pobres de verdad. Por eso les abren la jaula y no vuelan, porque los acostumbraron a tener las alas pegadas con el colbón del miedo. Incluyendo sus entendederas.
  • ¡Y cómo van a volar! Si aquí hay más curas que maestros y los que por casualidad tienen libros los ponen a cuñar la puerta mientras se tragan entre baba y baba un par de tetas recién salidas del colegio. ¿Cuándo se ha visto un profesor que lea? No hacen sino beber y fumar marihuana para elevar las pocas ideas que se les ocurren. Una por cada millón de likes en Facebook. ¡No hay con qué hacer un caldo!
  • No tengo objeciones ante su objeción, oh sapientísimo. Y si las tuviera, no pasarían de decir lo que otros dicen o lo que yo mismo he dicho tantas veces.
  • Es que el hombre es una repetición de la repetidera y punto. Una máquina programada para eyacular y lo demás son cuentos. ¿O usted qué piensa?
  • Una culiaita no está mal, en todo caso. Lo que pasa es que el sexo está acompañado de ganas de engendrar y hacer bulto en esta tierra de parturientas, tal y como usted testifica, y no hacemos sino plagiar la existencia de los que ya existieron como decía el apátrida rumano. Y ahí la vaina se pone antiecológica y el planeta que ya no aguanta, se sacude. En eso usted es todo un ilustrado. ¡La cuenta regresiva ya casi llega al cero y vamos a explotar! Pero debo irme. Se avecina un tiempo de reconciliación, a pesar de los que empuñan el odio y la venganza, y a su lado nadie me creería que soy amigo de la paz. En casa me esperan mi perra Minea y mi gato Rapé, con quienes he leído sus libros. Por eso será que me mueven la cola cuando entro. No más ayer, venían diciéndome: “¡sigamos con el eco del hermano Vallejo que nos va a coger la hora muerta y nos tragarán los gusanos!” Además, si no termino a tiempo, me toca empatar, no como los que rezan y pecan -que son todos en esta parroquia de ponchos y fríjoles-, sino como los que trabajan toda la noche y después, de tanto trabajo, los abandona el cansancio y toca seguir trabajando en lo que sea, así sea escribiendo diálogos ficticios. Mejor dicho, sudando como cualquiera que esté obligado a levantar costales de papas de sol a sol en la plaza. Coma, piche y disfrute. Quizá nos veamos pronto.

 

Entonces el marica más macho que he conocido, me mira, me hace un guiño, y abruptamente desaparece mientras reza un padrenuestro al revés y se va a llorar a sus perras difuntas al lado de Lucifer. Yo veo cómo se hunde por las calles de Laureles, y me quedo más solo que el fantasma de Dios. Ése al que Huidobro le iba a dar un balazo si se le llegaba a aparecer. “¡Minea, Rapé! ¡Vengan que ya acabé!”. Y antes de leerles a mis más amados escuchas lo que estaba escribiendo, siento un ardorcito en el culo y me tiro un pedo.

 

 

 

Víctor Raúl Jaramillo

Metal-llo, comuna 13, 8 de enero de 2018 (10:20 a.m.)

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