LA ESPERA

En mi pecho, el reloj de sangre mide

el temeroso tiempo de la espera.

Jorge Luis Borges

 

 

Esperarte,

con la médula en la mano

mientras la luna cambia de rostro,

cabizbajo en el rincón.

 

Esperarte,

cubierto de hierba oxidada

mientras corrijo esta voz

ofrecida a un oído primordial.

 

Apartado de tu risa,

bajo la lluvia.

 

Anticipando tu cuerpo

que dice venir como la crujiente estampida

despertada por mi desesperada invocación.

 

Pero que tarda…

se tarda.

 

Me dices que habrá un clima

que satisfaga mi expectación,

que el galope ya ha comenzado.

 

Y espero.

 

Dices que tu beso vendrá

para lavar la leche negra de los mataderos

que se agrupan en mil soles secos.

 

Y aquí estoy,

recogiendo la sangre mientras llegas.

 

Salgo de mi cueva a la hora predicha,

y veo los minutos correr abajo la calle:

mercurio o arena,

agua de la clepsidra,

lejanas piedras rodando cada insomnio

mientras haces presencia.

 

Mi tiempo asesino de tu celebración,

mi ansiedad completa de pájaro

sin aire ni cornisa.

 

Y tu anuncio abriendo la zozobra

cuando ya han disparado doce cañones,

cuando ya han cumplido años los antílopes,

en el momento justo de tu distancia

cuando la curva del camino

de nuevo te hace ser promesa.

 

Callo.

Un leve llanto, quizá.

 

Caigo desconsolado

en la luz petrificada del abrazo

que tampoco se cumplirá esta vez.

 

Aquí,

en el vaso de mi soledad.

 

 

 

Medehollín, comuna 13, 1 de junio de 2017 (4:33 a.m.)

Imagen: Fotografía de Diana Henao

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