LAS FICCIONES DEL TRANSGRESOR

Tal parece

que realmente

nada sabemos del amor.

 

El mundo no sabe nada de nada.

 

Somos caminantes

y por supuesto

no hay camino.

 

Podríamos responder al otro

que su voz es una verdad

inútilmente arrojada

al circo de las palabras ajenas.

 

Que nos repetimos

como serpiente que se muerde la cola.

 

Algunos van contra la sinceridad.

 

El guía espiritual

de una fe que nació pobre

exhibe oro y fetidez

en el lujo que acumula.

 

Así quizás

hablemos el mismo idioma.

 

Así tal vez

comprendamos

que de otro lado

que no aceptamos,

no sólo brota lo siniestro,

sino la luz

de un nuevo amanecer.

 

Amanecer ebrio

que otros ponen

más allá de su vida.

 

Vida esta

que es única

y finita.

 

No obstante,

la búsqueda está en perdurar.

 

Vacío es antes de todo origen,

receptáculo de la esperanza del hombre

que se quiere en lo eterno.

 

La eternidad también es vacío,

cantar de lo sido,

ahora, comunión con el mundo.

 

Que no quede nada

no significa

que nada haya sido.

 

Tomado del libro inédito: Catálogo de Naves

Imagen, por Janet Raga

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