NOCTURNO

 

 

Oh noche,

hermana menor de la nada.

Edmond Jabès

 

 

Con el luto cansado

de una travesía que recién acaba,

mientras el gato del crepúsculo

se acomoda en nuestros cuerpos,

crece el oficio incierto de la noche.

Se presenta enmascarada

para hacer del olvido

el jade precioso de las manos.

No hay descanso

en su matrimonio con la llaga,

con la tempestad de los cuervos

siempre dispuestos

aunque nadie habite en sus viajes.

Siempre habrá alguien a quien darle la noticia.

Una gota de riesgo

podría resistir la ráfaga de la muerte,

un corazón abandonado al sueño,

la sed de la vida.

No te aflijas,

el porvenir compone las orillas

donde salta una música nativa

y un animal perdido

recibe la lluvia.

El brillo de una aventura

servirá de bálsamo para tu historia abatida:

la desnudez de la danza

como mil hombres sudando en las escalinatas.

El ritmo de las puertas que crujen

es una invitación

a los patios de la noche

que conducirá tu aliento hacia algún treno.

Hay un muro que te rodea

como la humanidad de las sinagogas.

Buscas la clave para enloquecer,

los días se hacen vino y agonía.

Bajo el desprecio que acarrea

cierta multitud en sus pesadillas,

tus ojos son semillas bienvenidas al mundo.

Desde el primer encuentro

cada uno de nosotros reconoce tu llanto

la claridad con que te mueves,

tu silencio.

Ves cómo pasa el tiempo y nos quema

su cuchillo sin tregua.

El tiempo que nos hace su presa:

cantidad de huesos en su continuo presente,

espacio cerrado,

impulso de instantes que te cubren

en la memoria y su refugio.

Adviertes pasos exactos en tu casa:

el vigor y su figura fantasmagórica,

la escritura de la tierra,

la geografía de sus palabras,

el augurio y la melodía de la noche descubierta.

 

 

Tomado del libro: JORNADA DE SILENCIO (1994)

Imagen sin autor

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