¿Por qué no nos podemos enamorar?

Se trata del clima, el ruido, los colores y el paisaje. Se trata de la cantidad de huesos, la solidez, o habernos vuelto espuma, ser acuosos. Aprendemos a irnos también que ya no sabemos quedarnos. Cumplimos promesas y aprendemos sólo a hacer la promesa de no volver.

No nos salen las palabras, no queremos hablar de nosotros y ya nunca pensamos que es para siempre. La tregua con la vida se convierte en aceptar que quita, a nuestra alma la ponemos dispuesta a jugar con lo que viene y se va.

Aún así, seguimos deseando a alguien para contar nuestra historia. No todo en los desenamorados, que en realidad somos reservistas del amor, es aburrido, nos apasionamos más, dejamos de hacer planes, por fin dejamos el jueguito de jugar a la casita, pensar en el siguiente paso como si estuviéramos pasando mundos en nintendo y, sobre todo, dejamos de tener miedo.

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