REENCARNACIÓN (888 METAL)  

 

Para cada agua invisible

que bebo soñolientamente,

y de todo sonido

que acojo temblando,

tengo la misma sed ausente

y la misma fiebre fría.

Pablo Neruda

 

 

Iría al paraíso,

pero con mi infierno;

solo, no.

Antonio Porchia

 

 

El rayo no tiene más que una casa, pero tiene varios senderos. Por eso, hay que estar dispuestos a los trayectos que nos comunicarán con la obra. Contemplarla, embriagarse en su advenimiento, en su aparecer. Dejar atrás el juicio hasta que la obra nos diga lo que quiere. Jugar con ella como un niño con su inocencia, con su risa acogedora, con su seriedad. Nuestros errores son el producto de nuestro falso entendimiento. Pero la condenación de un error, es otro error. Muchas veces nos arrojamos sin paracaídas siendo la mejor caída: cae la verdad, cae la realidad, cae el intento por unificar al hombre, cae Altazor. Hay que abrir el ojo, afinar el oído, desvestir la forma, abrazar la intuición y apuntar a lo verdadero siendo naturales. Nos han dicho que la materia de lo humano es el tiempo: tiempo recorrido y tiempo mágico, tiempo que nos modela y nos ajusta a su trote veloz y pervertido, a sus relojes, a nuestro cuerpo que es su cuna y su sepulcro. Yo quiero salir del tiempo, yo quiero volver a la única nada, yo pido mi primer gemido, el momento en que se me introdujo en las habitaciones del agua. Acaso ser lo que ya no espero. Exijo el envés de la moneda. Retardo la conciliación que nos unifique como pensamiento-hormiga. Postergo mis manos impulsivas que sostenían el puñal. ¿La ley?, la niego y ofrezco la vigilancia de su reino. En todo caso, ¡no me digas qué es lo que tengo qué hacer! ¿Miras desde la cumbre, provienes de lo hondo? ¿Realmente conoces las visiones de la altura? ¿Efectivamente has visto el corazón del abismo? ¿Lo que quieres que sepa es que a veces te conviertes en una selva inmensa y recorres los mundos como un ejército? Ten presente que no eres el único, aunque todavía te sostengas en un viaje inexplicable. Te saludo, saludo tu silencio primordial que brota desde las geometrías de la inoculada soledad. Tranquilo, te digo, que ya viene el otro mundo que nace de ti a tapar éste. Sin repeticiones inútiles, aliviado del miedo de los hombres, excavando en el viento tu tumba, tu posible o imposible retorno. Quizá por ti cesará de morir la tierra. En resumidas cuentas, no vivimos sino de nosotros mismos… ¡ay, has iniciado tu más solitario viaje!… ¡los picachos y las hondonadas constituyen ahora una misma cosa! Sí, lo sé: difícil la lectura desde aquí, donde violas la ley y eres el instrumento, donde aciertos y errores se propagan como una ondulación, un vicio del lenguaje o las disciplinadas maniobras de una peste, y cambian el color de todo tu prontuario en adelante y hacia atrás. Empujando luego el silencio como si fuera otra palabra, hasta que no haya diferencia entre hablar y no hablar, hasta escuchar el descuidado éxtasis del cuerpo, su errancia. Ten presente que tienes un día para ser dios o lo que debería ser dios, en el centro de todas las cosas. ¿Lo efímero de mis ocurrencias te permitirá escucharme? Yo preferiría escucharte a ti, que te crees el fracaso total del mundo. De todos modos, no busques una absoluta claridad. Nadie te va a entender en lo que sólo tú podrás sentir. Aunque te digan sí, sé lo que dices… el lenguaje no pasa de ser un malentendido. Es el que crea el riesgo: es la cantinela del tentador. Sólo si tú descubres lo que te pasa, por ti mismo, podrás saber lo que te pasa. ¡Tanto universo! ¡Tanto universo para hacer funcionar un cerebro! ¡Un pobre cerebro! Para sobreponerte a la amargura deberás estar a la altura de tus aversiones. ¿Buscas llenar tu cabeza de qué? Vacíala de lo que te impide volar. Pon a latir esa fruta podrida que anida en tu pecho. ¿Por qué tendríamos que tener los pies puestos en la realidad? ¿Acaso se sabe a ciencia cierta qué es la realidad? ¡Qué gran realismo andar por los aires! Clavarte sobre nada: así serás libre y estarás en condiciones de comenzar de nuevo. ¿Además, qué podrían decirte estas palabras, las deliciosas y engañosas palabras sobre esto o aquello cuando ya lo han olvidado todo? Ya no recuerdo. Corto. No recuerdo más. Apago las imágenes como la luz al acostarme. Si las quieres ver, complétalas tú mismo. No hay nada para temer aunque un inmenso vértigo se aproxime. Hay que crear sin temor alguno. ¡Deja atrás el miedo y comienza a crear de una vez por todas! Sólo quien sabe cuál es su ritmo, su propia cadencia, podrá hacer vibrar las cosas que nadie ha sentido. Un planeta desorbitado, una estrella menos fugaz que su propia dentellada al universo. En una cueva espera el gran oso que dio el primer rugido, en la entraña de la luz un agujero negro habla de las cosas que venían a darte la bienvenida, tras esas montañas otros ecos agitan la memoria que se creía perdida. Es como si una enorme y nueva tempestad te dijera al oído: si no me ves en la oscuridad, no me vas a ver nunca.

 

Fotografía: Mauricio Sánchez

 

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