RÍE PARA QUE NO TE DÉ HAMBRE

Y medio mundo se muere de hambre,

y medio mundo se muere de risa.

 

Javier Moyano

 

 

UNO

 

La palabra que se conserva en las cercanías de esos ríos de sangre a cuyo olor ya nos hemos acostumbrado, admite la inmanencia de una serie de acontecimientos que conviven con el tiempo vivo de su experiencia, y, en sus inmediaciones, fundan un mundo a voces llenas.

 

Parte de este mundo plural en que nos movemos y algunos quieren hacer desaparecer, opta por la voluntad de crear con que hombres y mujeres llegan a un acuerdo que los comunica con el sentido de su existencia, con la comprensión de sí mismos y la libertad anhelada al momento de fundar una efectiva alteridad. Misma que se presenta como el cumplimiento de aquel ir y venir de las silenciadas voces que asumen la rebelión -con todo y su corporalidad- mientras se entregan a la creación de un diálogo con lo que camina a su lado.

 

Entonces el arraigo se desnuda y corre libre, entre risas, aunque los que viven amurallados lo llamen “locura”. De esa manera, quizá, nacieron las siguientes palabras de esos que son muchos, pero siempre salían a caminar bajo el mismo sombrero y con el mismo gabán: “sin la locura ¿qué es el hombre más que una bestia sana, un cadáver aplazado que se reproduce?”.

 

Y el ahora nuevo vuelo de quien posee cuerpo y ha dejado la jaula a la que nunca se acostumbró, y ese árbol que crece en todas las direcciones rumbo a la playa donde será aceptado por las trompetas del arrojo, preparan la bienvenida para el sueño de un cerebro que baila luego de abrir una grieta en la coraza del despojo. No sin la advertencia de prestar atención al recibir a quienes lo siguieron, pues, el peso de su hambre podría ser tal, que lo aplastará.

 

Sería como quien descubre la vida liviana y la cambia por una noche de bullicio. O, tal vez, como observar esos animales de otra historia ocurrida en un sueño, mientras arrojan semillas de colores al mar para que reverdezcan los campos, porque la hambruna está a medio bocado.

 

 

DOS

 

Así, la poesía nos acerca en su lenguaje a un más acá de lo que ocurre, aunque hable de sobre-naturalezas. Nos habla de sucesos reales, es decir presentes, que se exteriorizan en velos metafóricos y a los cuales hay que atender sin dilaciones, para comprender las maneras de habitar este estercolero y su cruel desproporción.

 

El lenguaje poético, aunque se pretenda arcaico, nos invita a rebelarnos en su revelación: el ahogo de un tiempo siempre actual que olvida las funciones del cuidado y que instaura rituales inapropiados con el instante creador -negándonos el lugar de su presencia-, conduce al hombre hacia la pérdida de su convivencia con la tierra, mientras éste se aleja cada vez más de su obrar inaugural con anuncios que sólo corresponden a la destrucción de su hábitat y de sí mismo.

 

Esta forma ritual que llamo “inapropiada”, está sujeta a los movimientos oscuros de un pensamiento cataclísmico que condena la vida a su desfallecimiento. Por más que lo queramos ocultar, nos hemos comprometido con ser hacedores de lo más bello, pero también de lo más terrible, de las más grandes aberraciones, de los más cochinos emblemas, de la pudrición más insoportable. Y soslayamos las condiciones necesarias y urgentes para revertir el descalabro que se hace inminente por nuestro brutal ingenio.

 

Nos hemos permitido niveles de violencia encadenados a los brotes de una sangre negra que nos ahogará como ahoga el mar. Hemos dirigido nuestros ejércitos egocéntricos a devastar las tierras donde habitaban los niños con sus juegos inocentes que han sido eliminados por nuestra traición. Y escondemos de la mirada pervertida y traicionera los únicos brotes de luz que alguien pudiera recibir, así, cansados de que la pocilga crezca.

 

 

TRES

 

No tengo nada más para decirles hoy porque mi escritura ya no tiene sostén. La próxima vez, quizá. Pero déjenme cerrar estos balbuceos con esa queja una y otra vez puesta por mi mano: la madre que hemos desnaturalizado y herido con nuestras armas de ambición desmedida, con nuestro caprichoso abandono, irresponsabilidad e impertinencia, gritará y se agitará y nos perturbará. Su sacudida acabará con la peste mientras la vida se renueva. ¡Sin nosotros!

 

De todas formas, voces aburridas, fatigadas, hechas trizas, producidas por el gran desencanto que los anuncios actuales producen, han dicho levemente con la última ironía de quien quiere acabar con una risa en su pálido rostro, aceptando que el final ya no guarda ningún encanto: “el mundo no va a acabar con una catástrofe, sino con un bostezo”.

 

Por dicha razón, es hora de despedirse humildemente… con cara de idiotas. La única cara que revela lo que realmente somos.

 

 

 

 

Víctor Raúl Jaramillo

Medehollín, comuna 13, 7 de octubre de 2017 (5:11 a.m.)

 

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