SELVA NEGRA

 

Para Carlos Ciro,

un Sísifo que es su propia roca.

 

Y Ana María Mejía,

que ofreció su hombro al peso de la mía.

 

Lo buscado reside

en lo poético de lo hablado.

Martin Heidegger

 

 

Tal parece

que no somos la posibilidad elegida,

sino las múltiples posibilidades

que dejamos de lado.

 

Y eso nos opaca un poco.

 

Pero también nos procura una luz

que crece en intensidad

cuando la hacemos nuestra.

 

Hablar es asimismo escuchar,

suele decirse.

 

Aunque seamos el fracaso

de decir diciendo.

 

Quien ahora escucha

¿qué es lo que canta?

 

A la otra orilla del salto,

en lo que se anuncia,

está de noche.

 

Y cada uno de los que se desconocen,

postergan en su vida

la condición esencial:

ser arrojados para la muerte.

 

Se vuelve al origen

de un ocaso del sueño:

una nada -fija y eterna-

ganará su tiempo

al momento exacto de la ruina.

 

Anónima como la infancia,

como un río

al que sólo le basta con ser río.

 

Como una luna

que desciende en su altura.

 

Ojos atentos en lo que se puede ver

desde el rincón inaudito del que ve.

 

Así la nada se abriga,

resguardada de toda representación.

Aunque haya momentos

donde se exhiban sus grietas.

 

Lugares por donde escapa la libertad

de ser lo que nos es más propio:

la eventualidad de una amplitud genuina.

 

Silencioso en su ánimo

-con sus fauces doloridas-

el anhelo de ser es un tributo

para que estalle el brío.

 

Para que se inicie la aventura

de internarse en el bosque,

decididos a enfrentar el problema

de lo que se habita.

 

Así se funda el ser en este poetizar.

 

Aquello singular en la vocación

de aquel que puebla la tierra

con su palabra.

 

Aquí se echa raíz,

aquí la cosa

deja de ser mera cosa.

 

Este, su caminar,

de ninguna manera su meta:

en el saber la memoria de su ser.

 

Y antes del saber,

el preguntar:

la devoción del pensar.

 

¿Toda creación es sacar fuera,

como sacar agua de la fuente?

 

Relatos del espacio de juego

en su combate.

Comprensión en el ir y venir del mundo.

 

Proximidad alejándose

cada vez que la mano acaricia

para decir “basta”.

 

Ese ya-no

como posible aún-no.

 

El sentirse siendo angustia:

destinarse de la atención de sí

por donde huye la posibilidad de encuentro.

 

Descentramiento de las certezas

que se rompen al salir de la bruma

para entrar en la mascarada

de una luz abismándose abismo tras abismo.

 

¿Cómo atañe el ser al hombre

y cómo lo reclama?

 

¿Como oficiante

que destina la verdad?

 

¿Permaneciendo oculto

en su presentarse?

 

Que llegue al lenguaje

y su pensar alcance dicho lenguaje,

será su estarse en el tiempo que lo abre.

 

Porque sólo podrá saltar

y abrirse a su tiempo en lo creador.

 

De ese modo

volverá a con-jugar

el juego del mundo y su vínculo

con lo existente,

como quien abre una puerta

y sabe que ya estaba dentro.

 

De dicha manera

llegará el día de fiesta,

la anhelada celebración:

el olvido de la propiedad

que de suyo fisuraba la relación con el otro.

 

Mas todo será

-con o sin su consentimiento-

una destinación hacia el final.

 

Y el poema habrá hablado

lo que el día a día callaba

bajo los vibrantes árboles del camino.

 

El poema: lo hablado puro.

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