SUSURROS DEL ÁRBOL INSOMNE

Para Antonio “Tato” Restrepo,

maestro de las ocurrencias.

 

Quizá seamos

-únicamente-

ocurrencias errantes.

Vladimir Huges

 

 

 

El equipaje con que hagas tu viaje es lo de menos. Importante es lo que aprendas en tu camino. Mas lo realmente significativo, es poder compartirlo con quienes te acompañan.

 

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Cuando estés en una situación de poder, cuando ejerzas el poder, olvida que lo estás haciendo, que eres poderoso. Así sabrás responder al poder que incluye a todos los seres.

 

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Si buscas la paz, la paz huirá. Porque la paz es lo que estás siendo en su búsqueda, mientras tú la has puesto en un lugar lejano. Lo que busques, será aquello que de antemano está perdido.

 

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Si algo te detiene en tus propósitos, significa que no estás preparado para ellos. También es posible que tus propósitos no sean lo que te esté destinado. Al final, es la vida la que decide.

 

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Mira aquél árbol, parece fijo, inmóvil, y en realidad se mueve a una velocidad que no podrían alcanzar nunca ni tú, ni la nave espacial que enviarán tus hijos a los nuevos planetas que prometen vida.

 

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Por más que nos resistamos, hay cosas que no podremos cambiar. Pero esto no significa que haya que cruzarse de brazos. El mundo es de quienes luchan día a día por una felicidad posible para sí mismos y todo lo que les es amado. Y tú lo sabes.

 

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Si quieres la libertad, es porque ya la conoces. Si la conoces, es porque ya la has vivido. Si la viviste, aunque sea una sola y única vez, sabes que la podrás vivir de nuevo cuando lo decidas. ¿Para qué tanta guerra buscando lo que ya te pertenece?

 

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La matriz en la que el mundo se ha convertido después de haber puesto la mano en él, trata de dominar nuestros pensamientos y ha creado formas muy atractivas de hacerlo. Por eso, presta atención, hay que estar despiertos. Incluso mientras dormimos.

 

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Piensa bien lo que dirás y actúa con serenidad. Esto no quiere decir, obviar el entusiasmo. Sé un apasionado con lo que amas, sea lo que sea que ames. De allí la posibilidad de que lo hecho sea tan natural como verdadero. Pero no olvides que la prisa sólo te dejará exhausto.

 

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Nadie es mejor o peor que nadie. Sólo somos diferentes el uno del otro. Alcanzar a comprender esta simple verdad, nos devolverá la serenidad de esa mínima sabiduría con la cual entramos en las habitaciones de la alegría. Así podremos crear algo realmente grande y humano.

 

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Si crees que tienes un problema, tienes un problema. Míralo, no como una dificultad, sino como una posibilidad para crecer. Es la única manera de aprender que las cosas son lo que son y están ahí para mostrarnos que hagamos lo que hagamos, seguirán siendo lo que vienen siendo.

 

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Deja que los pensamientos que aparecen sigan su camino, déjalos seguir. Ese es un primer principio para la meditación. Si estás de acuerdo con ellos, estarán bien en su viajar. Si no lo estás, el silencio hará menos daño. ¡Que se vayan! ¿Para qué detenerte en lo que no te produce un bienestar?

 

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Nuestra época nos quiere productivos, generadores de objetos y de mucho dinero. Nos exige ser partícipes de la velocidad, de la gran carrera hacia el abismo, de la pronta auto-destrucción. Es una muestra de nuestro gran desvío, de la falta de aceptación de una gran fragilidad impuesta por el deseo obsesivo. Y mientras más despiertos para el desbarajuste, más dormidos para lo que cuenta.

 

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Las distracciones de un “pudo haber sido” o un “podría llegar a ser”, evitan estar despiertos en el “es”. Y así las cosas, no podremos existir sino fantasmagóricamente. ¿De qué te pierdes por esto? De ti misma, soledad. Mírate y olvídate de lo que te aleja del instante. Cuando estés contigo -de manera fiel-, cuando seas plena realización, todo lo demás extenderá sus manos y serás bienvenida a la casa de las maravillas que eres tú misma.

 

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Las cosas que existen, existen siendo cosas, siendo lo que son. Bien sean un atardecer o una linterna de mano. El observador que se detiene en ellas -contemplándolas en silencio- les permite su estarse en su sitio para acercarse a ellas sin necesidad de poseerlas. De ese modo estará con ellas en su acontecer, será uno con ellas en un solo y único ritmo. Eso quiere decir contemplar: dejar que el mundo fluya a través nuestro para ser uno con él.

 

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Fuegos iniciados por otros fuegos, mares que son un solo mar con ritmos variables, jardines en los desiertos de la incertidumbre, nacer es entrar en un mundo que nos “pone el ojo”, y que la mayor parte del tiempo nos indica qué nos conviene, qué es lo debido y lo que nuestro deseo puede alcanzar, aunque no se realice. Así se irá yendo la vida: entre obligaciones y miedos a romper con aquellos compromisos que nos dieron sin nuestro consentimiento.

 

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Por más que deseemos una salida, las cosas nos oprimen: los anuncios del mundo -sus sutilezas- abren nuestro apetito y nos hacen perder la serenidad, nos encierran en el temblor de un hundimiento silencioso, nos coartan con sus armas y dejamos de obrar frente a la aterradora desazón y caemos sin darnos cuenta y obedecemos sin ninguna resistencia al imperioso punto final. Todos queremos hacer algo para remediar esta milenaria situación. Pero tal parece que nuestro intento choca y sigue chocando contra el gran muro de lo imposible. Y eso nos hace abrir los ojos y darnos cuenta de cuán difícil es ponernos de acuerdo frente al terror y como seguimos cayendo como fichas de dominó. Así las cosas, nada habrá más sólido que nuestra sangre seca y maloliente. Y algún último quejido pidiendo auxilio sin nadie que lo escuche.

 

 

Estos fragmentos son parte del libro en preparación y al que dan título: SUSURROS DEL ÁRBOL INSOMNE. De él, ya he publicado otras dos partes en este blog. El “autor” es aquí un mediador entre quienes viven el mundo y el mundo mismo. Cualquiera podría haber escrito estas palabras. No obstante, sólo a él se le han mostrado de esta manera en que aquí se publican. Espero no se entienda esto como un gesto de arrogancia. Las dejo como regalo para quienes, al leerlas, las quieran llevar más allá de su actual presentación. Es decir, ponerlas en práctica. Si es su deseo, claro. Pero nunca como si fueran definitivas.

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