Barrismo y el show de la justicia

El Alcalde trata de hacer un buen clásico de futbol en Medellín –sin violencia– y las cosas no salen bien. Dice algunas cosas –con las que estamos de acuerdo– sobre la perseverancia y es creativo sobre prohibir la entrada al Estadio a los violentos, aprovechando la tecnología con la que cuenta la ciudad en cámaras. Hasta ahí bien.

El problema es que –con el abuso de los políticos de la mediatización y el exceso en social media de algunos gobernantes– publica la foto de los barristas sancionados.

¿Cuál es el problema?

El problema es que el desarrollo del Estado Social de Derecho y la Democracia Liberal, ha hecho que quede atrás la justicia como un asunto del clamor de la mayoría y la exposición de los investigados o culpables. Hoy la crisis institucional de Colombia se circunscribe en eso, volviendo a ser vigente una frase de mediados del siglo XX que era una lectura de la institucionalidad colombiana por el Presidente López Pumarejo: “La justicia para los amigos y la ley para los enemigos”.

La justicia tiene que ser silenciosa, salirse del show y rendir cuentas de manera sobria y respetuosa. La justicia se ha desarrollado en la historia del Estado europeo para no ser emocional (y así la víctima no puede juzgar, ni sentenciar).

En medio de los afanes mediáticos, de la popularidad/impopularidad hay que recordar que por más que la fuerza y el castigo es vistosa y puede satisfacer a grupos de presión, incluso a mayorías, sigue siendo valiosa la máxima filosófica de Hanna Arendt:

La autoridad no necesita fuerza y la fuerza no requiere violencia.

Necesitamos una ciudad con justicia (legalidad) y gobernabilidad pero también necesitamos una ciudad donde se respeten las libertades –incluso de los infractores– y sea una ciudad para la redención, para las segundas oportunidades. Después de volver famoso o infame a alguien por los errores de un día, lo podemos volver imperdonable, y empujarlo –de por vida– a la ilegalidad.

La justicia es sanción (aislamiento y reparación), rehabilitación (transformar y no destruir al culpable) y piedad (dar la posibilidad de un nuevo comienzo).

El ojo por ojo no es válido, aunque sea institucional.

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