CINCO PREGUNTAS PARA UN INSOMNE INCENDIADO SOBRE LA POESÍA, SU POÉTICA Y EL MÉTODO SENSITIVO

  1. ¿Qué es para usted ser poeta y cómo y desde dónde lo lleva a su mayor momento de realización y realidad?

Ser poeta es poseer una alianza con el tiempo. Quizá se debería esperar a que él pronuncie su dictamen. No creo que sea un error sentirse poeta, en todo caso. Si no estamos convencidos de ser poetas ¿cómo nos verá la poesía que es la pretendida? Y si lo estamos ¿cómo lo hará? La poesía, en todo caso, es muchas cosas y a la final ninguna. Una otra manera de asumir esta mascarada que habitamos, esta anómala realidad donde la realización del ser humano está emparentada con el odio y la traición, con la sal de la venganza. La poesía, esa de la que me hago cargo, es casi irreconocible cuando me mira con sus ojos caleidoscópicos. Como cuando me veo en el espejo y el que está allá, al otro lado, me da una bofetada. La poesía siempre me está dando bofetadas. Y eso está bien: me obliga a estar despierto. Su realización en mí, o mi realización en la poesía funciona en ambas vías, es una sacudida, un sobresalto para el que muchas veces no estoy preparado. De todas formas, la poesía se hace en los momentos que menos se espera, por eso hay que estar atentos. ¡Mira, allí va y la dejaste ir!

  1. ¿Cómo y por qué siente y sabe usted que la poesía es necesaria y esencial para el desarrollo de la formación del ser humano y si le da sentido o no a su existencia?

El sentido de la existencia es una decisión propia. No hay sentido ni en la vida ni en la poesía ni en nada. El sentido se crea. De la misma forma sucede con la poesía. Nada más cercano a nosotros mismos que lo que venimos siendo cuando estamos en lo que somos. Ir tras “el sentido” es perder un tiempo valiosísimo, es tirar del cordel sin que el pez haya mordido el anzuelo. El sentido es lo que cada cual ve como posibilidad de vínculo con el mundo y sus cosas, aquello que le permite continuar a pesar de la matanza. Cada quién afirma su vida en éste o aquél modo de vivir. Eso es el sentido: la manera en cómo nos vamos viviendo. Por mi parte, la poesía genera porque la siento de manera íntima un sentido. Porque sin ella, sin la escritura, sin la respiración que se hace cuando me acerco al lugar donde he querido estar, la vida no sería vivible. Y muchas, la mayoría de las ocasiones, la vida no se puede vivir. Y duele. De allí que le queramos dar un sentido para no sentir a cada minuto el peso de la derrota.

  1. ¿En su técnica o método de creación poética, qué intervención tienen y qué poder les da y les concede a la intuición y a las sensaciones?

Mi técnica, mi método, es ir en camino sin otra necesidad que caminar. Lo hago en calles que nunca había pisado y en otras que me saludan sacándose el sombrero: “¡poeta!”. Yo no entiendo por qué todos los transeúntes voltean, pero lo hacen. Entonces sonrío y sigo en silencio hacia ningún lado. Igual, donde estoy ya he llegado. Intento estar atento, sin embargo, porque la intuición es estar alertas, estar al acecho, prestar atención. Es una especie de lince que con uno ojo ve donde pisa, y, con el otro (el ojo interior) advierte, porque lo siente venir, el poema. Si es una visita diáfana, tomo algunas notas. Incluso han salido poemas enteros, de un tirón, en esos momentos de epifanía. Pero no creo mucho en este tipo de revelaciones, por eso voy y vuelvo sobre lo escrito que, casi siempre, me impide dormir. Y me enfrasco en una lucha a muerte con las palabras. El trabajo de alfarero que llaman y que no termina hasta ver cómo el poema me mira y me hace un guiño y me permite el descanso. No tengo la paciencia que predico, debo decirlo: quiero saber ya de qué color saldrán sus ojos, si podrá aguantar una tempestad, con cuál mano saludará a sus amigos, si tendrá buenos sueños o pesadillas, si alcanzará a volar. Eso no significa que algunos de mis poemas estén privados de un largo y penoso embarazo: dejo que maduren si es su intención. Y me voy a comer algo. “¿Poemas?” Sí. Con malteada de chocolate, por favor.

  1. ¿Podría indicarnos tres principios básicos y nodales que cubran y posean su poética y cómo los involucra en su poesía e indicarnos el por qué?

Los principios o las doctrinas o las maneras fijas de ver y habitar, de pensar el mundo, no son para la poesía. Estar afincado en un principio o varios, obliga al poeta a no salir de su mazmorra mental. Y estar encerrados los pone delgados y sin fuerza, paliduchos. Así, los poemas salen directo a la incubadora y podrían morir pronto. Bueno, cuando no salen expulsados como fetos informes hacia la barahúnda de los diarios, las revistas y los recitales. Yo he abortado algunos. ¿Quién no? El poeta debe viajar por todas las formas posibles, sin temor a perder la posibilidad de eso que llaman “estilo” los que dicen entender. ¡La voz del poeta, qué grande, qué majestuosa! Esa voz se va haciendo reconocible, pero lo que busca el poeta es que lo reconozcan a él, no a sus poemas que deberían andar sin su escolta. Entonces se da una ducha de halagos antes de terminar con su “obra”. O antes de que la obra termine con él, que es lo que en realidad sucede. Y la va escribiendo con esa fórmula eficaz donde la poesía sobra, porque las recetas son para los poetas enfermos. ¡Qué desgracia! Hay que reconocer que a la poesía la que asusta a los poetas hechos y derechos le gustan los manicomios, más por las locuras del lenguaje, por las aventuras de la creación, que por las camisas de fuerza con que la sujetan los que creen conocerla, y, por tal razón, la quieren “salvar”. ¡Salvar de qué! La poesía tiene como principio llevarse a los poetas a la cama y hacerlos delirar. Pero se va al baño o sale al balcón o se demora en la cocina y los deja solos antes de acceder a la cópula. Una buena táctica para que los poemas comiencen a funcionar.

  1. ¿Cómo y desde dónde median y se incrustan en su poesía las relaciones con el misterio de la naturaleza o no, y por qué?

La única incrustación que tengo de la naturaleza es una turmalina negra piedra sagrada de la India puesta en un anillo que me regaló una amiga de adolescencia. Y las mediaciones son importantes, pero en la mayoría de los casos inoportunas, pues, nos perdemos de la vida tal cual es. Lo mismo ocurre con la poesía: está en nuestra piel, es la respiración diaria. Está en el llanto, en la risa, en la ira y en cada paso que damos en esta loca carrera hacia el desfiladero. Si la poesía no está directamente afectando nuestra vida la poesía es más que escribir versos, no pasa de ser un atuendo prestado que muchos lucen, hasta que el hambre de protagonismo los deja tirados en la calle con la evidencia de un misterio falso en el rostro. ¡Y con los fríos que están haciendo!

Gracias

Entrevista realizada a Víctor Raúl Jaramillo por Óscar Jairo González Hernández, y publicada originalmente en el libro TELOS: poetas/poéticas de Fallidos Editores, en noviembre de 2018.

 

Deja un comentario