Dejándonos seducir

En su bello texto los cinco sentidos, Michel Serres nos pone a reflexionar sobre la doble moral que nos caracteriza como humanos, y de una manera magistral nos narra un pasaje del Ulises de homero, sin embargo él lo narra a su manera para mostrarnos ese abismo en el que estamos inmersos siempre, entre la desobediencia  a la moral razonante, o el disfrute de los instintos, a los cuales la cultura somete en nombre de la preservación de los valores sociales.

El pasaje es el siguiente, Serres nos dice que cuando Ulises está llegando cerca a las musas, o sea a las sirenas, amarra a toda la tripulación y les cubre los oídos y los ojos para que no vayan a sucumbir al encanto de estas, no obstante él sólo se amarra y  deja descubierto los ojos y los oídos, para poder escuchar y ver el encanto de las sirenas, pero se amarra para no ser seducido y sucumbir al encanto que estas producen con sus cantos y por ende atravesar la piel de nuestro héroe.

Hasta aquí Serres, pero como Ulises no conto con la decisión de los de la tripulación, uno de ellos se desamarro y corrió hacia los otros y les quito el vendaje de los ojos y los oídos, y acto seguido, se lanzaron hacía el mar en busca de la seducción de aquellas ninfas marinas, sin embargo Ulises miraba y oía todo lo que acontecía y su cuerpo se estremecía, sus ojos brillaban de deseo , sin embargo los marinos viendo como sus ojos brillaban y su cuerpo temblaba de deseo, no lo  desamarraron ya que le respetaron la decisión que había tomado de no dejarse seducir por el encanto de las musas.

He aquí una muestra del temor que le tenemos a lo bello, porque cuando nos lo encontramos, nos tapamos oídos y ojos y nos amarramos para no dejarnos seducir por su encanto.,

 

Todo tiene que pasar, que los cuerpos, las personas que algún día amamos, sentimos, lloramos, reímos, se tienen que ir de nuestro lado, eso es, con el dolor que nos acarree dicha verdad, con lo que nos tenemos que topar cuando nos relacionamos con el otro.

 

Adolfo Martinez

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