LA DESNUDEZ COMO ELIXIR CONTRA LA BARBARIE

Y esta es la historia.

José Emilio Pacheco

Las leyes que hemos activado con dinamita perpetúan los sueños engañosos, sus ambiciones, el hambre de potestad eterna. A la diestra de un mundo aquejado y lleno de casas sin sosiego, los demonios se masturban con carcajadas alucinantes y niegan la claridad a sus moradores. Algunos dicen que los dioses vienen a destruirnos y que sus ajustes de cuentas serán inflexibles al momento de la gran matanza.

Los días serán sangrientos y la última noche se estremecerá con el grito desesperado de algún tardío predicador, aseguran entre desconfianzas y burlas. Las iglesias se unirán bajo mandatos extremos y negociaciones oscuras embrutecerán cada vez más a los desposeídos, a los fieles sin remedio. El abismo inyectado en los ojos de los niños se extenderá por las calles como quien desea abrirse paso con fuegos inesperados, ocurra lo que ocurra. Esta tierra hipócrita y envilecedora los obligará a matar mientras el poder de los virulentos cazadores ocultos se agiganta. Al mismo tiempo, un organismo maléfico bullirá entre densas sombras dictaminando el final de estos pequeños artefactos de la violencia y serán alcanzados por sus propios balazos y una gran peste de espejos rotos.

Otros dicen que la militancia en contra de tal carnicería inaudita, será fundada en una desnudez que no pasará por alto la locura que antiguos ritos nos han dejado en las manos aunque su procedencia sea desconocida y cuya fuerza deberemos cultivar sin miramiento alguno. Se dice que su influjo comenzado en el principio mismo del pálpito hará que la batalla por preservar sus huestes no acabe jamás. Estemos o no, en medio de sus vibraciones. Por tal razón buscamos seguir, abonar el piso común del planeta con seres amorosos y libres, con incendiarias mutaciones que estremezcan la bitácora de los que usurpan la comunión del pensamiento y los atenazados cuerpos que saben más de sufrimientos que de gozo.

Entonces la desnudez se hará grande como la atrocidad de los canallas que la desmienten y crecerá sin medida. La desnudez que nos quitará el peso del odio y su histórico crimen de encima. Una creciente desnudez como un mar que se ampliará para cubrirnos de abrazos y convertir nuestra piel en territorio propicio para lo naciente. Y todos avivarán sus voces y gritarán: ¡Crece la desnudez con su locura! ¡Que crezca, que crezca!

Y de repente la luna iluminará nuestra primera embestida entre los deshechos de una fiesta macabra que tarde o temprano— romperá sus ataduras.

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