LEER ES ANTE TODO ESCUCHAR

Me gusta mucho leer, no sólo los libros. Y he encontrado que emplear todas las horas en las teorías de los eruditos y en sus debates y gramatologías, hace perder un tiempo precioso: el tiempo de la contemplación, los momentos para pensar sin pensar y vivir lo aprendido. Y sobre todo los momentos para crear de nuevo las creaciones que hemos recibido, porque es la única manera de aceptarlas.

 

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Aquellos instantes en donde debo reconocer que estudiar mucho es necesario, me hacen aceptar que el conocimiento en abundancia podría llevarnos a la confusión, que hay que vaciarse de vez en cuando de tanta teoría… y vivir. ¿Acaso olvidaba que la vida se lee como un libro?

 

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Dejar que lo leído en libros y en la vida en general sea savia de otras posibles miradas, de múltiples ángulos y formas variadas de movernos en el mundo, nos posibilitará el asombro en cada parte del trayecto. Y lo más importante, nos permitirá un camino más abierto, más libre.

 

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Estoy seguro que tratar de abarcar todo el saber, como si la memoria debiera rebosar, ahogándose, entre mares de datos e información, es quitarse espacios para vivir, para activar el viaje, para alcanzar la serena caminata por el mundo. Es negarse la posterior digestión, la asimilación de los nutrientes y la evacuación de lo que no nos sirve.

 

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Cuando el cansancio llegue tras largas horas de estudio, reposa, toma un poco de agua. Mira sin ninguna intención cómo las flores se abren una a una. Duerme si es necesario. No importa si la luz aún no ha caído. Acelerar el ritmo de la actividad podría ayudar, pero podrías estallar por la presión. De todos modos, eres tú quien decide que opción tomar. Leer es, ante todo, escuchar.

 

 

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