EPÍSTOLA URGENTE SIN HISTORIA NI TESTIGOS

Jesús fue el camino que nos enseñaron cuando niños…

pero ahora que no somos cristianos ni creemos,

más bien repudiamos a la Iglesia Católica,

Apostólica y Romana y sus dogmas…

ahora que no tenemos dios y seguimos nuestro propio camino,

ahora, precisamente ahora, debemos tener amigos…

 

 

Si olvidas algo, eso que olvidas, muere. Si su eco no retorna, mortus est… Si el canto se apaga, la voz es una estática función. La visión debe nombrarse para que exista. Pero no deja de ser una expresión vacía cuando lo que “revela” se obliga desde una fe impuesta por los siglos, para favorecer lo que nunca será posible: un cielo más que cielo. Y claro, las arcas del verdugo.

 

El cuerpo de “Cristo”: polvo que en el polvo yace. Cuerpo putrefacto en lo hondo del sepulcro. Su “resurrección” es el habla en el espejismo perverso de sus inventores. Y de allí, el vuelo a las generaciones en manos de Pablo, el “histérico de Tarso”: el gran criminal.

 

Pero Marcos y su evangelio, y los demás evangelios envueltos en contradicciones y acechanzas. De allí el ánimo en Patmos: escritura alucinada para una Iglesia socarrona que el mismo mito acabará. Y su primera piedra invertida en Pedro, que no merecía “morir como el maestro”. Fábula que ha entorpecido la vida en el único paraíso posible: la Tierra.

 

¿Jesús no murió al fin el día de su muerte? ¿Caminó largo tiempo luego de que curaran sus heridas? ¿Bajó vivo de la cruz que, aunque siendo un dios, no pudo evitar? ¿Acaso era una “necesidad”? ¿Jesús visitó el lugar en el que se reúnen todas las divinidades y se fue a morir en los espíritus ateos de la modernidad? ¿Allí se concentró en su soledad, en su silencio, y escribió estas palabras? Se dice que es así, aunque no haya testigos…

 

 

Ya estoy cansado. La “verdad” es nada para mí. Ahora voy al sitio de mi pudrición. ¿Hoy soy el que soy? ¿El indiscutible? ¿El otro hombre que ha propiciado el canto? ¿Aquél vencido por la muerte en su grandeza y levedad mientras evidenciaba la mentira sublime que hizo de su nombre el retorno del horror? ¿Todavía voy en mi oración al júbilo de los días, esfuerzo de lo que desea y cumple? ¿Me verás cada aurora y sentirás mi estertor cada noche en medio de la sangre turbulenta de tu corazón que estalla? ¿Y como te he “amado” sin vacilaciones venderás aquello por lo que te amé? ¿Qué otra cosa podría ser? Donde te encuentres, tú, límpida infancia, inicia la batalla y acecha el camino que nadie ha seguido. Comprenderás. El fruto será digno de tu boca hambrienta, y el agua apagará tu sed. Mueve tu mano que teje el mundo, vincúlate al pulso de tu adentro y ve y busca y destruye. Goce de tus pasos, crearás lo que otros llaman “justicia” y, tras las huellas de tu serenidad convulsa, un árbol crecerá para dar sombra a las caravanas de tu voluntad. Olvida aquello que yo he pisado. ¡Deja ya de seguirme! ¿Para qué, pregunto yo, si de todos modos el mundo seguirá siendo distancia y desgarro? Crea el rito, el mito y la fiesta. Congrega en aquello que no tuviste que esperar. Vístete de fuego y crece en la amistad luego de negar toda soberanía. Camina libre, camina por un buen tiempo y llegarás a esta gruta donde hemos estado siempre, uno a uno, unidos como una sola agua. Los demás estarán ocupados en su miseria, en su violencia de poderosos timadores que aumentan la hambruna y la desolación. Ven y entrega tu prédica que no volverá. Todo te habrá sobrevivido ya alejado de la fiebre. Mas una exclamación saturada de fantasía asegurará que te ha visto besando en su lecho el sexo de mil y una muchachas mientras en las calles se levantaban las criptas del horror. No importa. Abre tu cuerpo, porque un cuerpo abierto es siempre un cuerpo entero. Entonces hablaremos, uno a uno, unidos como una sola agua, en esa nada donde no seremos lo que solíamos ser, donde no seremos más. Ya que músculo por músculo, hueso a hueso, la tierra nos tragará y, nauseabundos, dormiremos al fin sin sueños ni delirios. Pues tú también te habrás confrontado contigo mismo y con los tuyos; te habrás borrado del tiempo y eso significará la victoria radical de quien ya no arrastra cadenas. Así conseguirás, sin drama ni lirismo, ser el áureo féretro de Dios; puesto que tu memoria sólo ha acumulado horizontes hundidos. ¿Dónde estarían más juntos el porvenir y el pasado que junto a ti?

 

Tomado del libro: CON LA PIEL EN EL EMPEÑO (2015)

Imagen: Joel Peter Witkin

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