Vigilar el poder, mapear el placer y habitar la ciudad

la verdad sigue guardada entre grietas inaccesibles. todos la esperan desde incontables siglos y creen divisar al escriba que trae su revelación. no saben que siempre ha sido una verdad venenosa y sin embargo cabriolean su interpretación ante bolas de vidrio y cenizas. sin leer la savia de los cuerpos quemados en el sexo de la matanza. sin las emanaciones de la caverna donde han sacrificado felinos de colmillos centelleantes como el fuego. sin naufragar en el licor metálico que conduce al regreso de la gran aurora. sin saber amar ni qué es el amor. dejando descendencias acechadas en mitad de la noche. contabilizando los minutos con una angustia que corre cruzando calles atestadas de piel seca. con el ardid de una sabiduría que se detiene en las miradas que revientan al paso veloz de su abandono. en medio de aquella enseñanza que han dejado los animales de tiempos sin registro. siguen los buscadores de lo absoluto con su impudor tembloroso, con su moral enmascarada dejando el hedor, maniatando y evitando la voluntad creadora con su paso destructor que finaliza. desdibujando las geometrías que subían las montañas y cantaban hacia las estrellas que gemían al nacer: huellas de poetas que, como dioses, arrebataron la misma metáfora para decirla de otro modo, utilizando la imagen acuática de las grullas, la palabra gateadora de la niñez, la melodía sencilla que algún oído advertirá. en tiendas huidizas vivimos de la palabra consejera, la delirante, la vacía y sin espíritu. vivimos del cuerpo gramatical y su semántica escurridiza, de las leyes que roban nuestra fiesta y nos prohíben jugar. vivimos del mundo que no nos pertenece y para el que nos preparan las gemas consoladoras y engañosas de un agua pestilente. ¿quién podría esperar claridad de este trago tan amargo y su imposibilidad de comunicación, a no ser en casos excepcionales y fugaces? mas, han brotado las fuentes en los desiertos, han florecido las piedras, han anidado los dragones de perdidas batallas: todos creen que es la señal definitiva para conquistar la verdad que brota por grietas inaccesibles. no obstante, ¡ay! la verdad no existe: sólo una inquietante respiración saltarina que bulle de exageraciones desde las indiferencias de la nada.

 

Tomado del libro: mancha negra y furia o jugada maestra (segunda versión en proceso)

 

Imagen de autor desconocido tomada de un perfil de WhatsApp