Vigilar el poder, mapear el placer y habitar la ciudad

OTOÑO DEL 89

Y por entonces no lo supe,
el muro, junto con mi vida
habían comenzado los dos
a derrumbarse con el otoño del 89.

La fría noche me acompañaba
en el tejado de aquel edificio;
las únicas paredes las cuales
escuchaba canturrear de niño.

Con un cigarro en mi mano derecha,
y en la izquierda, en forma de puño,
guardo a la soledad, ¡oh!, lo único
que aún podía retener en mí.

Aguardo mientras se levanta
la última restricción que quitó
el día de mañana en un tal vez,
y ahora es un seguro permiso.

Ay, Berlín, ahora conozco cual
cruda eres cuando te propones
algo tan dúctil, como derribar
lo que alguna vez te separó del ayer.

El frío consume mi chaleco
y el pasaporte gélido ya no tiene valor,
como este estúpido edificio que
me enseñó a ser… ser eso que olvidé.

Es fútil el esfuerzo de contenerme,
y no es menester seguir rogando al viento,
Solo abro mi mano izquierda con la brisa,

soledad, te dejo ir con el aire del
incipiente invierno Alemán,
y yo; solo queda algo que hacer;

Ir de nuevo en tu búsqueda.

 

 

Juan Pablo Sepúlveda (Dichter)

Imagen destacada: Goodbye Lenin (2003)