Vigilar el poder, mapear el placer y habitar la ciudad

Votación en Medellín 27 de octubre de 2019

Dejar de oír a los políticos y escucharse

Por: Lukas Jaramillo

Hemos vivido un cuatrienio en Medellín de un gobierno intolerante a la crítica, soberbio con la veeduría y lleno de problemas técnicos. Hemos vivido una alcaldía con ausencia de foco y con una gran urgencia por la popularidad -que la larga era la única guía-. Todo esto condujo a un excesos de publicidad y a la imposibilidad de autocrítica y reconocimiento de errores.

La evidencia empezaba a mostrar que cualquiera con dinero, tiempo y cierto conocimiento y disposición para las alianzas políticas podía ser Alcalde de la ciudad. Ya no habían fuerzas partidistas y suficientes fuerzas civiles y académicas que hiciera ver que el perfil de alguien cuyo mayor “sueño” era gobernar a Medellín, era insuficiente.

Esto puede venir de atrás, de Sergio Fajardo que no estaba preparado para ser Alcalde de Medellín, pero que con la urgencia de darle un giro a las cosas y vencer a los Partidos -que parecieron altamente tolerantes a la corrupción y a la aquiescencia con mafias- nos metimos (una mayoría) en un correlato del académico, del matemático, del outsider[ Alguien que no viene del proceso político y de los Partidos. Alguien que rompe la fila. ] ético y técnico. Ese correlato se instaló y se le hizo copy-paste con algunos ajustes del “ultra-paisa” y “querido” “Fico” y del “milagro desde abajo” de Quintero. Nuestras ciudades votan por los “bacanes”, como si ser un “bacán” fuera más que una posición y un gesto entrenado o impuesto.

Pero no es que la ciudadanía sea boba o fácil de engañar, la ciudadanía hay cosas que no sabe -como ninguno de los más eruditos (sabiondos) sabe-, ¿quién es Quintero? ¿Cómo será como Alcalde? La ciudadanía elige según las opciones y toma una decisión con la información disponible. El alcance o el candidato alcanzable parece una gran estrategia cuando no se tiene nada que perder y sí algo definitivo por ganar.

También la política ha sido y será seducción: se necesita comprar un correlato con unos mínimos datos, con una mínima evidencia. Eso explica unas docenas de votos que no le resultaron a Ramos: el Centro Democrático tenía un candidato que no podía hablar con claridad de méritos propios; parecía ya una exageración que con ser Congresista tres años fuera suficiente, la gente tiene olfato y ese candidato parecía haber heredado demasiado -de lo que era- de su padre.

Ni siquiera en Medellín, el municipio de pensamiento más reaccionario del departamento de Colombia más uribista, el uribismo es mayoría, por lo menos como un voto duro o ciego. Medellín claramente es la central anti-insurgente de Colombia; no es fácil encontrar mayor bronca (tirria) a la guerrilla -y todo lo que huela a insurgencia- que en Medellín, de ahí que Petro se vuelva un imperdonable para una mayoría definitiva en esta ciudad.

El uribismo para ganar y para tener gobernabilidad se ha aliado con sectores políticos muy tradicionales, dejando hace tiempo de ser garantía de renovación, así sucedió en el segundo mandato de Álvaro Uribe y su alianza -para sólo mencionar una- con los Valencia Cossio. Esta vez el uribismo no quiso o no pudo aliarse con Santiago Gómez y -así- el “más de lo mismo” y la “renovación de derecha” tomaron caminos distintos. Creo que si se hubieran aliado, hubieran ganado. Se le reconoce al uribismo un poco de lo que pudo ser escrúpulos (o pudor) esta vez. Son muy interesantes esos electores jóvenes de Ramos que no hubieran votado por él si hubiera llegado a una alianza con Santiago Gómez.

Pero, ¿qué se puede negociar con el uribismo? Quizá no una negociación con Uribe y ni siquiera con sus caudillos, sino con sus bases y con los jóvenes activos y con convicción. ¿Se puede hablar con tranquilidad? ¿Ajustar métodos y medios para llegar a metas comunes? Quizá todos queremos más seguridad, una mejor economía y más trabajo. Quizá no se necesita hacer políticas públicas sobre todo, sino sobre lo fundamental.

En todo caso, el uribismo estará ahí durante estos cuatro años y volverá a estar ahí en las siguientes elecciones y sino dialogamos puede mutar a algo que no deseemos.

La gente salió a derrotar este domingo 27, castigó a muchos candidatos, incluido con un voto en blanco que quedó de cuarto con 81 mil votos. Si al voto en blanco le sumamos los votos no marcados[ Usados por las personas que no las convence nadie pero necesitan el registro de que fueron a votar o por los que sólo quieren votar por Concejo o por Gobernación.], superaría la votación del tercero -Santiago Gómez-.

La campaña de Santiago Gómez fue bien financiada e intensa y dejaba claro que si la gente hubiera querido la continuidad de Federico Gutiérrez a toda costa, tenían una elección posible.

La gente finalmente, dijo no querer continuar con las políticas, el modelo o todo el estilo de Federico Gutiérrez (parte de su estilo). Claramente a la mayoría de Medellín no le molestaba tanto el estilo o las políticas de Federico Gutiérrez, como sí a muchas ONG’s, activistas y a algunos académicos y artistas, pero tampoco le daba a una mayoría el fervor para defender el cuatrienio.
Algo está cambiando lentamente -por el acceso a la información y las nuevas formas de participación-: quizá esta forma de hacer campaña, tan nueva y tan vieja -que lleva ya unos 16 años-, con volanteo en los semáforos, con el centro en la publicidad, imagen y correlato; y con poco diálogo, con poca estructura y sin nada que se parezca a un Partido, se esté agotando. El voto en blanco pasó del 6,1% en 2015 a 10,37% en 2019 y el abstencionismo está casi estable.

Habrá que inventarse algo muy mediático y comunicacional -que apele al estilo de vida-, pero con más involucramiento y sobre todo que conviva con una lente más aguda y otras posibilidades de memoria o de archivo que ya tiene la ciudadanía. La ciudadanía joven ha llegado a tal descreimiento que le queda fácil hacerle pensar al político que le está creyendo.

Puede ser que la ciudadanía haya castigado a Valderrama por ser el gerente de campaña de Federico Gutiérrez cuatro años atrás y por ser su director en el INDER. No era lo suficientemente claro hasta dónde podría ser un cambio drástico o más de lo mismo. Por querer cambios de fondo (precisamente aceptando algo del estilo, pero no de la trayectoria), el electorado está dispuesto a arriesgarse con la inexperiencia o el desconocimiento de la ciudad. La inteligencia colectiva logra tener buena sabiduría para la pregunta clave en la política, ¿usted con quién está? -que lleva a entender si todavía se está o por qué no se está con el que se estuvo-. Quizá a Quintero le sirvió que le hicieron mucho la pregunta de con quién está y que las personas que lo acusaron de con quién estuvo, eran en los que no confiaba la mayoría del electorado (práctico o coyuntural en estas elecciones).

Por el lado de la campaña de Beatriz Rave, puede pesar más la insulsa, mediocre, diminuta consulta interna que tuvo el Verde y la irresponsabilidad de ese Partido con Medellín y sus intentos de tener participación en el Concejo. Fue una campaña desfinanciada, donde dejaron muy sola a Beatriz, pero, ¿quiénes la dejaron sola? El mundo de los políticos tiene su propia lógica, su propio campo aparte, pero la sociedad va cambiando muy rápido y pareciera que se está quedando rezagado en adaptarse. Aunque el código de nuestro tiempo es de individualismo y ego, también empieza a emerger nuevas lógicas de lo colectivo y de lo solidario que castigan al candidato inmaduro para supeditar su posición. Creo que ya sabemos que cuatro años es muy poquito y a veces los políticos, tan concentrados en las siguientes elecciones, tan ellos con su gesta, pareciera que son turistas en el gobierno de la ciudad, manosean todo y no profundizan en nada.

Posiblemente el Verde no existe en Medellín y no está claro de que Fajardo pudiera ayudar a Beatriz Rave. Se está volviendo difícil saber qué suma y que resta Fajardo, un político que se especializó en no restar, pero que se le empieza a responsabilizar por no hacer y por dejar que otros saquen las conclusiones que quieran sobre la continuidad de su obra o de su proyecto.

Algunas estrategias publicitarias de Santiago con su afán por mostrar continuidad, las usó la campaña de Alonso Salazar para señalarse como la continuidad de Fajardo. Seguramente hubo más escrúpulos y la Alcaldía de Fajardo y Salazar fue superior a la de Federico Gutiérrez, pero lo importante es entender que nuestros defectos y errores son viejos y lo importante es ir superando las prácticas del estancamiento, de la desmemoria.

Algunos dicen que Fajardo se inventó una forma ligera de lo político, lo que pasa es que no hay nada a lo que volver antes de Fajardo, llegamos a una precariedad y descomposición muy alta antes de Fajardo. Lo grave no es eso, lo grave es que no había un modelo para transferir, sólo un estilo o una filosofía que supuestamente dependía mucho de la voluntad, la personalidad y casi que de una “esencia”.

Alonso era la total continuidad de Fajardo, Aníbal un aliado claro y nítido de Fajardo, de Federico Gutierrez no se sabía: la preferencia de Fajardo por Alonso o por Federico era materia de rumor después del ensayo con “Los Federicos”. Lo drástico es que ya ahora nadie acusó, ni se imaginó a Daniel Quintero como fajardista. La prudencia de Fajardo no fue suficiente para que la ambigüedad reinara.

Aunque hubo importantes aciertos en las alcaldías de Alonso y de Aníbal, empezó una ruptura grave en el diálogo ciudadano y en el correlato de la inseguridad y la violencia en la Alcaldía de Alonso y una pérdida de territorialidad y gestión vecinal en la Alcaldía de Aníbal Gaviria. El entusiasmo que alcanzamos en la Alcaldía de Fajardo era frágil.

Medellín se volvió una ciudad de quejas sobre generalidades, de críticas a espaldas, de pistola por debajo de la mesa y de discusiones -apenas esbozadas diplomáticamente- sin ningún cierre. Pareciera como si con tal de no encontrar culpables, no quisiéramos desenterrar problemas. ¿Cómo se ha manejado el Concejo en estos cuatrienios? ¿Con qué grupos políticos pactó cada Alcalde? ¿Qué pasó realmente con los liderazgos barriales de Ediles y Juntas de Acción Comunal que tienen en el estado actual al Presupuesto Participativo?

Claramente hay problemas de este cuatrienio que se vienen atendiendo mal o desatendiendo desde otras alcaldías, pero lo importante es que ya los políticos no se quieren responsabilizar de lo político y siempre tienen a alguien para responsabilizar de lo financiero, de la infraestructura, la seguridad y lo social.

La debilidad (nulidad) y deformación de los Partidos (en empresas electorales) hace que políticos muy distintos no se responsabilicen de a quién apoyan, ni cómo ayudan a organizar políticamente a la ciudadanía y sus candidatos y luego aparezcan décadas después a volver a pedir votos para otro, después de que nos convencieron que ellos sólo podían responder por sí mismos (en un vacío donde sólo hicieron lo que quedó bien).

¿No es responsabilidad de Fajardo, Alonso y Aníbal haber tenido a Federico en la Alcaldía? Uno por no tener capacidad de escuela y de sucesión o no comunicar su proyecto político, otro por una pésima campaña y el más “inocente” por no organizar, por no combatir, por no poder opinar sobre lo que se necesita para ser Alcalde. A más poder, más responsabilidad. El problema de los outsiders y de los tecnocratas es que dejan de combatir con facilidad y dejan discusiones importantes huérfanas.

La gente votó dos veces por una continuidad cuando eligió a Alonso y a Aníbal y lleva dos veces votando por el principal cambio cuando eligió a Federico y a Daniel. El domingo -en la elección para la Alcaldía de Medellín- se castigó a todo lo que pareciera que ya gobernó en la ciudad, porque hay que buscar el nuevo rumbo “afuera”. Por eso también la “desagradecida” ciudadanía castigó a Luz María Munera, a Jesús Aníbal Echeverri y sacó del Concejo al “eterno” Bernardo Alejandro Guerra. Las personas no son crédulas, pero desean mucho más, en especial soluciones concretas (a problemas que incluso son difíciles de nombrar).

Luis Bernardo Vélez ha sido el más hábil en reinventarse con la novedad cada cuatro años y no hacer absolutamente nada para ser diferente.

Otra vez tenemos a un outsider que se hace llamar “independiente”. La ciudadanía en Medellín tiene poca capacidad organizativa, es bastante individualista, está demasiado congestionada y atareada y sus formas de solidaridad son fundamentalmente familiares; pero esa no es toda la explicación para que se vuelva a caer en “un salvador” -alguien que aparece en una baraja cada vez más digital (como un reality fragmentado) desde afuera y desde arriba-, tal vez es que la gente no cree mucho en la política y no está buscando sus soluciones en lo estatal.

Quizá una parte de la ciudadanía hace pensar al candidato que es “un salvador”, pero está aspirando a una pequeña cosa: una palanca, un subsidio, un trabajo. Tienen más claro que el político, que ellos se salvan a sí mismo.
Fuente:
https://www.registraduria.gov.co/index.html con datos del 28 de octubre.