Vigilar el poder, mapear el placer y habitar la ciudad

Una disciplina eclesiástica para una capela caribeño

Vocal Song es una agrupación de cantantes venezolanos que hacen todos los sonidos únicamente con su voz, incluido lo que podría sonar como cualquier instrumento. Esto no siempre ha sido una ventaja, pero fue una fuerte insistencia:  a veces para penetrar un mercado tuvieron que alternar con instrumentos y hasta engañar un poco a algún locutor -dejando de señalar que no había ningún instrumento-.

Poderlos apreciar en vivo con esa potencia y esa multiplicidad de sonidos, nos llevan a una idea de viajeros, de lo poderoso de lo simple y las posibilidades de lo corporal. Aunque hay un arte enorme en modular la voz y otros sonidos así y un oficio que tiene que llegar a comprender micrófonos y altavoces, esta propuesta requiere en muchos formatos pocos recursos, se sostiene muy bien además en versión acústica o desconectado.  Ellos recuerdan que la música, incluso el germen de la gran música se puede “hacer con un palito”.

Han vivido en Medellín y viajaron juntos para preservar la idea de grupo. La experiencia como migrantes ha sido positiva y el impulso de la migración inusitado: la prioridad era mantener la proyección del grupo y dicen que siempre el trato de las distintas personas en Medellín ha sido el mejor posible.

“Nosotros llegamos a Medellín, primero por continuar nuestra carrera: en Venezuela habíamos quemado todos los cartuchos”.

El grupo se está moviendo entre distintas músicas caribeñas que pintan una región cotinental, nos explican que Latinoamérica es una gran potencia para ellos, que es el mejor lugar para ser músico. Dicen con orgullo que hay cosas que un músico europeo no puede hacer como un músico latinoamericano, pero que un músico latinoamericano siempre podrá tener la disciplina para hacer todo lo que hace el músico europeo.

El grupo ya había alcanzado cierto esplendor con discos doble-platino, teniendo una nominación a los Grammy y viajando para conciertos internacionales, pero lo que más nos sorprende esa persistencia durante 23 años (a la fecha de esta entrevista) para estar juntos.

En un restaurante se le puede ver a cualquiera de los cuatro integrantes antiguos pidiendo lo que el otro quiere. Dicen que la clave es el respeto, pero finalmente aclaran que es una mezcla donde hay profesionalismo, pero que sobre todo cuidar una amistad que se convirtió en hermandad.

Este rasgo nos lleva a sus orígenes en un coro de niños donde estuvieron desde el principio dos de los integrantes. Los Niños Cantores estaban tan arraigados en la consciencia de la gente en Maracaibo como un espacio de disciplina tan estricta, que a los niños que se portaban mal los amenazaban con enviarlos al coro. Algunos integrantes sienten que no eligieron la música por ellos, sino que un familiar fue el que tomó la decisión.

El coro de niños se convirtió en Scola de Música Gregoriana y ahí se terminaron de conocer los primeros integrantes del grupo que sería Vocal Song. Se trata siempre de una institución de la arquidiócesis, pero dirigida por un sacerdote que hacía coincidir el pensamiento de Jesús de hermandad y de igualdad con el de Simón Bolívar.

“Cristo se manifiesta en nosotros siempre en ese mensaje de hermandad”.

Ya cuando algunos estaban en la universidad y otros trabajando, la disciplina era ensayar de lunes a viernes de 7:00 a.m. a 9:00 a.m., los sábados a las 9:00 a.m. y los domingos reunirse desde la misma hora para cantar en la misa a las 10:00 a.m. Nos explican que en las fechas religiosas el trabajo era muy duro, pero ellos ya tenían profundamente arraigada una disciplina.

Estoy “orgulloso de la preparación musical y de la preparación espiritual, porque venimos de una institución que pertenece la arquidiócesis. Y eso nos ha permitido estar 23 años de trabajo juntos e ininterrumpidos”-dice uno de los integrantes-.

Para ellos la música acerca a una bondad al que la canta, le cura la depresión al que la hace en grupo y puede cambiar un pensamiento oscuro del otro. Más allá, alguno estuvo a punto de ordenarse, en el grupo han estado novicios y hay en ellos mucha formación filosófica de sacerdotes.

Estar juntos, hacer música y ser espirituales es algo que está consagrado en ellos en un hábito donde se cuida una técnica a partir del perfeccionismo y mediante una disciplina que obliga a cuidar la voz desde muchos aspectos de la vida. Tener la disciplina de un monasterio, llegar a los cantos gregorianos y terminar en lo caribeño es algo inusitado y puede ser la mezcla que los hace únicos: sentir profundamente ese nuevo campo en el que llevan más de dos decadas, pero sin dejar un solo día de ser ellos mismos.

Tienen la costumbre siempre de orar antes de una presentación y encomendar el concierto a dios. Uno de ellos plantea que no puede cantar sino hace una oración antes y explica que desde su punto de vista siempre le están cantando a dios.

“Nosotros tenemos rutinas antes de salir a nuestro escenario y una de nuestras rutinas es orar y encomendar todo lo que va a ocurrir en ese escenario a Dios. (…) No canto para nadie, canto para Dios”.

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Fuentes