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EL PELIGRO DE LA LECTURA

 

Cuanto menos se lee,

más daño hace lo que se lee.

Miguel de Unamuno

Basta observar a los lectores de ciertos libros sagrados —y otros especímenes literarios de tal índole—, para darse cuenta de que hemos encadenando nuestra libertad de pensamiento a prédicas ajenas que buscan sacar ventaja de nuestra poca experiencia.

Sí, cuando un libro es “leído”, salen a relucir las nefastas instrucciones del gurú de moda que se lucra con sus clases de hermenéutica espiritual o cultural o científica o de lo que sea, y quien ha leído refrenda tales “versiones” con ahínco, como si no hubiese nada más para ser tenido en cuenta. Ese es el nacimiento de las ideologías, de los dogmas, de los totalitarismos.

Leer no es obedecer, aunque uno se sienta “identificado” con lo escrito. Una cosa es lo que se lee, y otra muy distinta la puesta en escena de lo leído. Leer es pelearse con el texto, hacerle preguntas, desacomodarse ante lo que dice. Leer es una batalla donde el sentido crítico espera al vencedor.

Por más cercanas que sean las ideas —las palabras que llevan consigo—, los libros no tienen la verdad: solo son puntos de vista, formas singulares de ver, un reducido tramo del mundo ante un inmenso mar de posibilidades.

No te dejes engañar: un libro te podría acompañar toda la vida, pero el que debe vivir la vida eres tú. Manos a la obra.

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