ALGUNOS DIBUJAN EL MAPA, OTROS DIRIGEN LA TRAVESÍA

 

Todos y cada uno deberíamos saber cuál es nuestra parte, qué hacer para sembrar una nueva mentalidad pacífica, una vida amorosa que si no congenia con las demás, pueda pasar de largo y no ser eliminada por diferente.

Almuthasim el Iluminado

 

En este siglo XXI de omnipotente masificación, la soledad confronta al establishment como la más genuina forma de resistencia.

Un sensei postmoderno

 

 

Por lo regular, los hombres (y mujeres) que están a la vista de la mayoría de las personas, son los que deben impulsar los corazones para lograr un buen arribo, una posible meta afortunada cuando comenzamos una travesía. Así ha sido siempre, y es posible que así lo sigamos haciendo.

 

Pues bien, en esta ocasión no importa que camino se haya tomado ante la bifurcación planteada en este país que aún nos hace señas. Un voto negativo frente a la finalización de la matanza desaforada que ha desangrado a este pueblo -temeroso frente al cambio y a las nuevas formas de vida- ha sido visto como algo terrible, como una gran equivocación. Porque la victoria rauda del día, puede ser la derrota de la vida.

 

Personalmente, pienso que ni ha ganado el No, ni ha perdido el Sí. Lo que realmente sucedió, es la respuesta de las personas que ya no aceptan estas ambiguas manifestaciones de la “democracia” de una Colombia que, como se ha visto, ya no cree en las “bondades” de la política y sus actores. Que estiman que el cambio inexcusable no es cuestión de reunir papeletas dudosas frente a un color, un partido, una promesa o un líder teledirigido a diestra y siniestra. Que si hay que elegir entre éste o aquél, siempre se podrá asumir una decisión digna y elegir por uno mismo. Es lo que entre mis amigos se llama anarquía. Libertad.

 

Comenzar siempre nos ha resultado difícil. Pero ya hemos dado unos cuantos pasos. Lo que resulta de este medio a medio del camino, es una insistencia en que los demás deben estar de tu lado, apoyarte, defender tus causas porque, mal que bien, te has arriesgado a caminar y quienes presencian ese tránsito deben ser consecuentes con la vida compartida. Esto es, quienes caminan a tu lado pereciera que están “obligados”, en un voto de confianza, a decidirse por seguir tus indicaciones. Sean éstas erradas o no y del lado que tú designes.

 

Pues bien, decidir -más que congraciarse con el otro a partir de una voluntad gregaria- implica la aceptación de una individualidad propia que, pase lo que pase, habrá de seguir un rumbo autónomo que, no obstante, se podría mostrar abierto a las oportunidades que las dinámicas del mundo, de la vida, ponen en juego para su continuación.  Tal disposición, estés o no de acuerdo, habría de ser respetada.

 

Pienso -sin querer darme a la idea de que esta sea una verdad- que gran parte de los ciudadanos de este país, aunque estén a favor de una salida al conflicto armado, en su gran mayoría se encuentran decepcionados de las maneras como la “pedagogía de sus dirigentes” ha sido llevada: sus intereses de homogeneización son evidentes en los grandes medios de información y la mala hierba que han logrado sembrar en los corazones de quienes antes estaban juntos y reían de sus diferencias mientras aprendían de ellas, se resiste a abandonarlos.

 

Este es un llamado a la cordura. (No el que les hago yo que sólo soy un relator y además estoy loco). Es un “jaque” hecho por las multitudes colombianas que ya no aguantan tanta argucia, tanta intriga, tanto balbuceo, tanta burla mañosa por parte de los hombres (y las mujeres) que están a la vista de la mayoría de las personas, y son los que deben impulsar los corazones para lograr un buen arribo, una posible meta afortunada cuando comenzamos una travesía. A pesar de la inclemente tormenta.

 

Espero que entendamos que hay que tener calma, mucha calma. Y ver las cosas sucedidas ayer 2 de octubre de 2016, no como una apuesta por otros innumerables días y noches en guerra y desairada desolación, sino como una campanada para despertar frente a la insuficiencia real: la serenidad en nuestros actos, la alegría en nuestras maneras de pensar, una solidaria y humana manera de convivir que no necesite estar refrendada por una oficialidad que “juega el juego”. La impronta de recordar a las personas con que compartimos la respiración y los anhelos, tengan la cara que ahora tengan.

 

Hago entonces un par de preguntas: ¿nos hemos extraviado después de divisar el horizonte como las tristes lágrimas del tiempo? ¿Somos incrédulos como quien se levanta con deseos de resguardarse de nuevo y con prontitud en el sueño? ¿Queremos ser retazos muertos durante el rocío nocturno que trae el día siguiente? ¿Adivinanzas de un barco que se hunde?

 

Tú tienes las palabras. Es tuya la respuesta.

 

 

 

Víctor Raúl Jaramillo

Medellín, comuna 13, 3 de octubre de 2016. (2:15 a.m.)

 

Imagen de autor desconocido.

Deja un comentario