Vigilar el poder, mapear el placer y habitar la ciudad

Primero haremos, si el Cabildo de la ciudad lo permite, el caballo.
Un alazán en bronce con sus patas delanteras levantadas
como ejemplo para cruzar obstáculos y abismos.
Luego fundiremos el hombre,
pues un caballo sin jinete no es digno de una plaza
y ni siquiera puede llamarse monumento.
Que todo el burgo aporte llaves, aldabones, candelabros,
monedas, candados, espuelas, medallas y cubiertos
para fundir el hombre a su caballo.
Después discutiremos el lugar para la estatua y la forma de su pedestal.
¿Un recodo cercano a las montañas
entre bosques de sauces y eucaliptos?
No estaría mal construir en el sitio elegido
un pequeño parque que permita a las mucamas
citarse con sus novios al pie de la escultura.
Debe amoblarse el espacio con bancas de madera:
los oficinistas comerían emparedados a la hora del receso.
Bella será la sombra al mediodía
de caballo y jinete sobre la grava y el asfalto.
Las hojas caídas de los árboles 
tejerán un tapiz crujiente al paso de los estudiantes.
Los viejos fotógrafos 
sacarán los domingos sus cámaras de cajón
y harán que los enamorados prolonguen el tiempo de los besos.
Todo concertado con autoridades eclesiásticas, civiles y militares.
Luego vendrá la discusión.
¿Quién debe ser el hombre encima del corcel?
Sabios hay pocos. Guerreros y héroes son dudosos.
Un filósofo a caballo 
no puede replegar su pensamiento.
Los poetas viven recostados en la hierba.
Los campesinos no montan caballos de viento.
Los directores de orquesta no pueden dirigir 
desde una montura de bronce y el lomo inclinado de un caballo.
Los jubilados prefieren cabalgar nubes
y permanecer sentados en los bancos.
Los pintores trazan caballos pero no se atreven a montarlos.
Los arquitectos pierden la perspectiva.
Los almirantes prefieren las crines de las olas.
Las bailarinas no necesitan pedestal para su vocación de aire.
Los astrólogos son una franca minoría.
¿Quién podría ser el jinete de bronce
sobre el imponente y brioso caballo de bronce?
Deberá ser alguien que muchos ciudadanos admiren,
un hombre que sea su propio mentor,
que haya luchado a brazo partido por su gloria y su fortuna.
Ya está. Erijamos una estatua al asesino.

 

 

JUAN MANUEL ROCA  (Colombia)

 

Fotografía del poeta, tomada del enlace: http://poetascolombianosenelsigloxx.blogspot.com/

2 Responses

  1. “Si la vida es sagrada, habría que enjuiciar a muchos héroes de la historia que recibieron honores por no respetarla.”
    Victoria Ocampo

    1. Gracias por leer. Parece que Victoria Ocampo y Juan Manuel Roca deberían sentarse a hablar. ¡Si fuera posible!